EDITORIAL: “Vivir en la Gracia De Dios” Salmos 42:1-11, Salmos 147:10-11

¿Qué significa la GRACIA de Dios? La Gracia de Dios es Amor, Bondad, Compasión, Favor, Gracias y Misericordia. La vida cristiana es una aventura maravillosa, llena de nuevas situaciones, de buenos tiempos y también de retos difíciles. 

A través de todo esto, la Palabra de Dios es nuestro recurso más grande para recibir entendimiento, sabiduría, esperanza y guía. Cada problema que enfrentamos tiene su solución en la Palabra de Dios. Donde haya necesidad de consuelo, paz o ánimo, Él los provee. Para hallar su sabiduría, NO existe sustituto alguno al pasar tiempo a solas con EL en oración y el estudio de las Escrituras.

Dios nos creo para que tuviéramos compañerismo con El. Por esta razón Él puso una sed especial en nuestro corazón y un deseo que Él solo puede saciar (Mt. 5:6). Su prioridad máxima para nosotros es que disfrutemos su Presencia y cuidado Intimo. 

“Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, Oh Dios el alma mía” (Salmos 42:1). Mi alma tiene sed de Dios, del Dios VIVO. Nuestras vidas tienen que estar firmes a través de la GRACIA de Dios, como unas rocas en la rivera de un océano, en donde se estrellan las olas, pero las rocas siguen igual. Este mundo nos puede lanzar poderosas y feroces olas, pero ninguna dificultad puede superar la ayuda de Dios para soportarlas. Eso es porque su Espíritu vive en cada creyente.

A veces no sabemos porque nos sentimos desanimados, deprimidos o tristes. En esos momentos es bueno que de manera consciente volvamos a fijar nuestra mirada en Dios, reafirmemos, nuestra esperanza en EL, nos apoyemos en su fuerza y anticipemos la GRACIA que nos mostrará. 

“¿Porque te abates, oh alma mía y porque te turbas dentro de mi? ESPERA en Dios; porque aun he de alabarle” Si esperar en Dios, tener paciencia en la Voluntad del Señor que es “Buena, Agradable y Perfecta” (Romanos 12:2).

Puede parecer extraño que uno tenga “temor” y pueda esperar en.…la misericordia de la misma persona. Pero nuestra reverencia al Señor y nuestra confianza, paciente en su voluntad obran juntas para producir una FE profunda que pueda llevarnos con seguridad a través de cualquier penalidad y calamidad. La palabra de Dios nos dice en el Salmos 147:11, “Se complace el Dios de los Cielos en los que le temen, y en los esperan en su Misericordia”. 

Lo cierto es que todos somos salvos por su gracia (Efesios 2:8). 

Cuando aceptamos y conocemos a Cristo como nuestro Salvador, todos somos lavados y santificados (1 Corintios 6:11) y todos somos Hijos de Dios viviente (Jn. 1:12). Como nuestro Padre celestial, es natural que Dios quiera tener comunión con nosotros.

Terminamos este Editorial con unas linda  y hermosas palabras de nuestro Padre, Creador. (Salmos 139:13-16) “Porque tu formastes mis entrañas; Tu me hicistes en el vientre de mi madre. Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado. Y mi alma lo sabe muy bien. No fue encubierto de ti mi cuerpo, Bien que en oculto fui formado, Y entretejido en lo mas profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas, que luego fueron formadas, sin faltar una de ellas”. Amén.

Escrito por: Enrique Jimenez

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