¡No puedo callar lo que Dios hizo conmigo, ya no soy diabético ni ciego, esto es un milagro!

“Pensé que iba a morirme y hoy soy libre de eso. Quiero que la gente entienda que salva vidas donando órganos”.
El marplatense Fabián Ricchetti (32), llevaba una vida normal hasta que a los 12 años los médicos le diagnosticaron diabetes tipo 1, enfermedad que lo convirtió en insulinodependiente y con la necesidad de someterse periódicamente a diálisis. Con el tiempo su estado fue empeorando y hace dos años, afectado por una retinopatía diabética, perdió completamente la vista. Pero Fabián –que es un hombre de fe-, nunca perdió las esperanzas y confió siempre en que Dios haría un milagro en su vida.
La esperanza se hizo más fuerte cuando los médicos le anunciaron la posibilidad de hacerle un trasplante renal, que sí o sí, debía ser de un donante cadavérico. Ante esa situación, la familia Ricchetti, consciente del poder de la oración, comenzó a clamar a Dios por la aparición del donante adecuado.
Las oraciones de Fabián y su familia fueron contestadas. El día del milagro comenzó con una llamada telefónica desde la ciudad de Pilar. “Hola Fabián, quiero que viajes ya al Austral. Tenemos un donante y te trasplantamos hoy”, anunció la voz del Dr. Martín Fauda, cirujano del Hospital Universitario Austral (HUA). Fabián saltó de la cama, se duchó y partió en auto desde Mar del Plata rumbo a Pilar con parte de su familia.
Un equipo multidisciplinario del HUA fue el encargado de la operación que consistió en la implantación de un páncreas y un riñón sanos. El procedimiento quirúrgico se llevó a cabo exitosamente tras 13 horas de trabajo por parte del equipo de médicos. Después de eso, Fabián recuperó la función renal y abandonó la diálisis. “Vivía en una tortura que ahora terminó. Esto es un sueño, un milagro de Dios”, asegura.
Pero la obra sanadora de Dios a través de la medicina no estaba terminada. Tiempo después del trasplante renopancreático, médicos de HUA le informaron a Fabián que había posibilidad de que recuperara la vista con nuevas intervenciones quirúrgicas. “En ese instante mi fe se activó al 100% y mi corazón latía sin parar”, comenta Fabián.
La cirugía fue una vitrectomía en la que se volvió a colocar la retina a su lugar. Al día siguiente de la operación, Fabián abría los ojos a otro mundo: “Pude conocer a mi hijo, Ezequiel, de 10 meses y ver cómo habían crecido mis otros tres chicos. Cuando me quedé ciego en 2007 se derrumbaron mis sueños y proyectos.
Los médicos decían que iba a quedar así para siempre, que tenía que adaptarme. Cuando volví a ver todo me parecía raro, ver los colores de nuevo. Siento una felicidad imposible de explicar”.
Actualmente, con su testimonio, Fabián inspira a muchos que atraviesan una situación similar. “No puedo callar lo que Dios hizo conmigo” –asegura-, “quiero anunciarle al mundo que no soy más diabético ni ciego, esto es un milagro”.

Comentarios

Sea el Primero en Comentar

Deje su Mensaje

Ir A Arriba