"¿Piedras o Perlas?" por: Armando Mónico

¿Qué tan contento te sientes por estar atravesando por uno de los momentos más difíciles de tu vida? ¿Puede alguien estar feliz o sentirse afortunado por estar pasando por una dura prueba? ¡El Apóstol Santiago era uno de esos!

”Hermanos en Cristo, ustedes deben sentirse muy felices cuando pasen por toda clase de dificultades. Así, cuando su confianza en Dios sea puesta a prueba, ustedes aprenderán a soportar con más fuerza las dificultades. Por lo tanto, deben resistir la prueba hasta el final, para que sean mejores y capaces de obedecerlo que se les ordene” Santiago 1:2-4.

Escuché una aplicación increíble para nuestra vida sobre las perlas. Investigando sobre cómo se forman éstas aprendí lo siguiente: “El nacimiento de una perla es algo maravilloso. Su vida comienza cuando un objeto extraño, como una partícula de arena se aloja por accidente en el cuerpo suave de la ostra y no puede ser expulsado. En un esfuerzo por aliviar esta molestia, la ostra empieza a segregar una sustancia cristalina lisa y a la vez dura alrededor del objeto irritante, para protegerse. Esta sustancia se llama nácar, una sustancia calmante con la cual la ostra va “envolviendo” capa tras capa ese objeto extraño.
Después de varios años, el objeto irritante queda totalmente encerrado dentro de esta sedosa capa cristalina. El resultado: ¡una valiosa y brillante gema llamada perla, un verdadero milagro de la naturaleza!”.

Aplicando este proceso a nuestras vidas, podríamos decir que las pruebas son como esas “partículas irritantes”, que Dios permite que entren a nuestras vidas, (a pesar de saber que nos pueden provocar mucho dolor) con el propósito de pulirnos y perfeccionarnos como una joya.

Pareciera sarcástico el comentario del apóstol Santiago al pedir que nos sintamos “muy felices” en medio de las dificultades, pero él no se refiere a que saltemos de alegría en medio del dolor. Él habla de transformar nuestras dificultades en perlas, “envolviéndolas” con la “suave” y resistente cobertura que tenemos del Espíritu Santo, ya que sólo así tendremos la capacidad de ver la oportunidad para crecer en medio del dolor o la prueba.

En lugar de quejarnos y amargarnos, tengamos la seguridad de que durante todo ese largo proceso, Dios ha estado con nosotros dándonos la fuerza para soportar. Aprendamos a ser agradecidos, a gozarnos, ser pacientes y a obedecerle.

El Apóstol Pablo lo dijo de otra forma en Romanos 5:2b-4:
“Así que nos regocijamos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Y no sólo en esto, sino también en nuestros sufrimientos, porque sabemos que el sufrimiento produce perseverancia; la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza”.

A nadie le gusta sufrir, pero no debemos temer, podemos confiar en Él. Recuerda que Dios usa esas “piedras irritantes” para crear en nosotros su producto final, ¡hermosas perlas!
Po: Armando Mónico

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