Miguel “Coco” Mora: “Mis personajes no son cristianos, el cristiano soy yo”

La vida del famoso ventrílocuo está plagada de altibajos: fue abandonado siendo un bebé, a su padre lo asesinaron cuando él era niño,… Hoy afinca sus proyectos desde Tiquicia.
Apenas rozaba los 20 años cuando Miguel Ángel “Coco” Mora Molina tomó un destartalado muñeco de madera que le regaló uno de los hijos del dueño de Patines Music, y se plantó en la Avenida Central de San José para darle rienda suelta a su inquietud por la ventriloquia.
Así nació “Yiyo” un niño irreverente que años más tarde junto a su hermano “Yoyo”, su abuela “Yaya” y el perro Pipo marcarían una época.
Treinta años han pasado de ese experimento que primero lo llevó a conquistar Tiquicia y luego le abrió las puertas del gran mercado mexicano – americano. La primera mitad de su vida (tiene 48 años) la forjó en el terruño que lo vio nacer y lo que lleva de la segunda, en la tierra del Tío Sam. Pero los vientos huracanados tras el fin su matrimonio de 24 años lo trajeron de vuelta en busca de consuelo y de nuevos proyectos.
Hace un año, asegura, vivió uno de los tragos más amargos de su vida, pues es fiel creyente de que el matrimonio es para siempre. Pero como no es de guardar rencores le quiere dar una nueva una oportunidad al amor.
Sus personajes trascendieron tanto que casi podríamos asegurar que tienen vida propia ¿o acaso alguien puede negar que en muchos barrios o en las oficinas existe una “doña Yaya”?.
El hombre que dio vida a Yiyo, Yaya y Pipo cumple tres décadas de hacer reír con las ocurrencias de sus célebres muñecos, que en sus génesis son los mismos, pero el hombre que mueve el mecate y los sienta en sus regazos asegura es otro y desde hace bastante rato.
–¿Del Coco Mora de los 80 al de hoy cuánta diferencia hay?
–¡Bueno!, hay un Miguel más maduro, de 48 años, con un crecimiento personal y espiritual. En cuanto al humor es una comedia limpia, creativa de mucha improvisación, donde quizá la gente espera al Coco de antes pero se encuentra con otro totalmente diferente e igual se muere de la risa.
–¿Qué tiene más gracioso el Coco de ahora que el de antes?
–Eso depende de la perspectiva de la persona y de lo que busca, si está acostumbrada a ver una comedia grotesca y vulgar, pues le va a parecer mucho mejor el Coco de antes.
–¿Entonces era vulgar el Coco de antes?
–Digamos que era pícaro fuerte, muy doble sentido, lo que todo comediante hace, pero ahora trabajo un espectáculo más general, para toda la familia, que lo pueda ver tanto el papá como el niño o el abuelo, es algo que todos los pueden disfrutar.
–¿Y ese cambio llegó de la mano con lo religioso o hubo otra razón?
–Sí, cuando Dios te renueva, te renueva por completo e igual pasa con la forma de ver las cosas, así que es lógico que en mi espectáculo tenía que ser así también. Yo decidí dedicar mi talento para servirle al Señor, mi show no solo hace reír sino que da esperanza de poder cambiar, de que no importa las circunstancias en que hayás nacido, hay esperanza de crecer.
–Lo cual es es en parte su historia’
–Exacto, cuando tenía tres meses mi madre –que era una niña– me abandonó y gracias a Dios me dejó con mis abuelos, ellos me criaron, mi padre nunca me quiso y cuando yo tenía siete años lo mataron de un balazo en la cabeza, él era guardia rural. Vengo de una familia sumamente humilde de Barrio Pinto.
–¿Cómo logra hablar de su historia de vida sin la tentación de reclamarle a Dios?
–Eso es casualmente lo que quiero que la gente sepa, que Dios viene a sanar tu vida, a restaurarla, no a enseñarte a “vivir con” sino a cambiar la situación en la que has vivido. Yo hablo sin dolor porque entiendo que no puedo vivir del sufrimiento ni del éxito del pasado.
–¿Su éxito fue mayor en el pasado que ahora?
–Los dos son diferentes, antes tuve una carrera no espiritual, simplemente por el talento, pero ahora Dios me ha dado un éxito en donde se juntan los dos. Venimos de Bolivia de hacer un espectáculo para cuatro mil personas y a Cartago hace poco llegaron otras cuatro mil a ver a Coco y su pandilla, eso no lo hace un comediante ni un grupo en este país.
Entonces si tuviera que medir el éxito por cantidad de gente tengo más ahora que antes, pero en lo personal soy más exitoso porque tengo un trabajo de reino a través del cual la gente puede conocer un cambio en Cristo, ¡ojo! no como una religión que es lo peor que le ha pasado al hombre, porque en nombre de las religiones han matado y han hecho barbaridades.
–¿Y cuál es la diferencia entre vivir de un talento al servicio de la fe y lucrar con la fe?
–Yo no lucro con la fe, dice la palabra de Dios que el obrero es digno de su salario, yo solo hago mi trabajo y cobro por un espectáculo, porque de igual forma quienes me contratan cobran por una entrada. Pero no todo es dinero, yo doy shows con el fin de evangelizar y si hablamos de lucrar he visto gente mala en todo negocio, hay personas que piden dinero para los niños pobres y se la roban, es como todo, hay gente buena y sincera y hay gente mal intencionada.
–¿Esa evolución que usted ha experimentado en lo personal y espiritual ha “permeado” a sus personajes?
–Yiyo y Yaya siguen siendo iguales, mis personajes no son cristianos, el cristiano soy yo y eso es lo divertido porque se burlan de mí. Ahí es donde la gente se identifica en personajes que son igual a ellos, que tienen necesidades y piensan como ellos, porque en el fondo también necesitan un cambio.
–¿Y por qué no ha querido que sus personajes también se conviertan?
–Porque perdería la gracia, no habría identificación con la gente que no conoce a Dios, únicamente sería algo para divertir a la iglesia y ese no es mi trabajo, lo que yo busco es instruir en las cosas de Dios y que la gente tome una decisión, Dios no te obliga a creer en él.
–Pero cualquiera pensaría que Coco “pandereteó” a sus personajes’
–No, no para nada, de hecho Yiyo se mofa de eso en alguna parte del espectáculo cuando dice (hace la voz de Yiyo), “sia tonto mae esta vida es un bostezo, va jalando, ¿de qué se ríen?, mae pídales ofrenda para que se callen” ¡zaaaa!’en el fondo sigue siendo el pachuquillo urbano que todos conocieron.
Doña Yaya pretende ser cristiana pero en el fondo sigue siendo flojita, le echa los perros al pastor, le dice (vuelve a caracterizar al voz), “papacito Dios me lo bendiga, venga para acá”. Entonces es toda una distorsión de una persona que quiere ser, pero que en realidad no lo es y de eso está llena la iglesia y el mundo.
–¿A qué cosas ha renunciado por su fe?
–En 1996 cuando tenía 27 años me llamaron de Televisa para hacer mi programa de televisión y les dije que no para dedicar mi talento al Señor, eso significaba la culminación de todo el trabajo de tu vida, por lo que uno había trabajado y significaba dinero que en aquella época eran unos 20 mil dólares al mes, más las presentaciones y todo lo que podría acarrear.
–¿Se arrepiente de esa decisión?
–No jamás, la volvería a tomar a ojos cerrados, antes yo era artista, ahora soy ciervo de Dios.
-¿Por qué un artista que había conquistado al país se arriesga a probar suerte en el extranjero como lo hizo usted hace 24 años?
–Porque entendía que la fama que tenía en el país se iba a acabar, que me alcanzaba para un año y yo quería irme estando en mi mejor momento y por eso la gente me respeta y guarda cariño. Me han visto triunfar aquí y en el extranjero a lo grande, marcamos una era en la comedia local, fui el primero en llevar la comedia a nivel profesional, porque no hay una oficina en donde no haya una Doña Yaya y eso trascendió con los años, hay quienes nunca han visto o saben quién es, pero conocen de alguien a quien le dicen así, entonces eso es trascender.
-¿Durante sus años en el extranjero consideró regresar?
–No, yo soy muy terco, no paro hasta conseguir lo que me propongo, de los comediantes de America Latina soy de los pocos que puede trabajar en México, que es muy difícil porque es como venderle manzanas a los gringos. El Señor me ha permitido llenar la plaza de toros de Tuxtla Gutiérrez.
–¿Y entonces qué le motiva a regresar ahora?
–Mi divorcio de hace un año, vine a buscar dentro de la soledad que tenía el soporte de mis amigos, dice la Biblia que todas las cosas malas ayudan a bien a los que aman a Dios y en medio de tanto ajetreo he tenido mucho trabajo, así que trasladé mi centro de operaciones para Costa Rica ya casi no voy a Miami donde tengo mi casa.
Vine porque necesitaba sentirme acompañado y respaldado por la gente que quiero y que me quiere, como mis amigos pastores y gracias a Dios ya estoy mucho más nivelado.
-¿Sus amigos son del ámbito de la iglesia o del medio?
–De ambos, como Alex Costa, Herberth Vásquez, Opo Marín, Alex Rubistein.
Ricardo Arjona dijo cuando se divorció que quien diga que un divorcio no duele es un mentiroso, ¿usted qué le agregaría a esa frase?
–Que si puede poner su orgullo abajo y arreglar las cosas a tiempo hágalo, porque muchas veces por orgullo se termina todo y no se quiere ceder. Si hay algo de lo que más me arrepiento es de haberme divorciado por lo difícil que es, aunque tengo claro que ya no nos queríamos.
–En esta nueva etapa cómo hace para reaprender
–Estoy caminando el camino, quiero volver a casarme’soy de los que piensa que es muy difícil para el hombre vivir solo y estoy dispuesto a abrirle la puerta al amor y rehacer mi vida.
–¿Considera que un año es suficiente para darse una nueva oportunidad o prefiere disfrutar de la soltería?
–Las cosas suceden y ya, porque igual pueden pasar cinco o diez años o un día, cuando llega, llega. No me interesa ser soltero porque nunca he sido una persona de desmadres, de bares, de mujeres y no porque no me gusten, todo lo contrario, me encantan, pero no soy “lanceador”, además de que por mi trabajo cristiano prefiero tener la oportunidad de tener a alguien en mi vida con la que pueda compartir.
–¿La crisis de los 40 lo ha afectado?
–No sé cuál es esa crisis, yo toda la vida me he sentido un chiquillo, ahora tengo un carro deportivo pero es porque siempre me han gustado, no siento que haya tenido una crisis y espero que no me agarre a los 50.
–¿Se considera guapo?
–Normal, un poco inteligente y con sentido del humor.
–¿Con 48 años cómo ha evitado la panza?
–Me gusta el ciclismo y cuando estoy en Miami hago 40 millas diarias con un grupo de amigos, hay que cuidarse porque si no los años no perdonan.
–¿Y se cuida de alguna otra forma, por ejemplo usa botox o se ha hecho alguna cirugía estética?
–Cirugías no, pero sí uso botox en la frente para eliminar las arrugas, me gusta darle mantenimiento a la cara, también me quemaron las ojeras con láser, uso cremas para el rostro y para el cuerpo, me hago exfoliaciones, me depilo, digamos que soy un metrosexual.
–¿Qué valor le da al dinero?
–Hay cosas más importantes. Lo más relevante en la vida no se ve, empezando por lo más elemental que es el aire y así como eso muchas cosas.
–¿Le gustaría tener hijos?
–A esta edad no, ya no sería papá sino abuelo.
-Si pudiera ser uno de sus personajes, ¿cuál sería?
–Yo creo que tengo un poquito de todos, hay uno que es sensible, otro es un cabrón, cada personaje tiene algo de mí. Ahorita estoy trabajando en uno nuevo que se llama Tito y que es un bebé, apenas lo estoy incorporando.
–¿Cómo canaliza los ratos de mal humor?
–Haciendo ejercicio, ciclismo de ruta, spinning.
–¿Qué proyectos tiene para Costa Rica?
–Estoy preparando un programa con el canal Enlace que es un “talk show” (de entrevistas), en donde los invitados van a ser personajes fuera del ámbito cristiano, por ejemplo puede ser un niño de la calle que se sienta a “conversar” con Yiyo, hacer algo en donde la perspectiva sea muy diferente y no necesariamente con gente conocida.
Y lo más próximo son dos días de presentaciones en el teatro Melico Salazar que serán el próximo miércoles 9 y jueves 10 de mayo, como parte de la celebración de los 30 años de Coco y su pandilla.


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