YIYE ÁVILA: Siervo de Dios

A la edad de 88 años, se fue a la presencia de Dios, Yiye Ávila, natural de Puerto Rico. Yiye fue un hombre dedicado a Dios, una de las leyendas evangélicas más connotadas de la Historia cristiana en este mundo. Fue un siervo usado por Dios, un evangelista que vivió el verdadero cristianismo con sus campañas evangelistas en los países latinoamericanos llenando estadios y llevando el Evangelio de JESUCRISTO a toda criatura viviente. Yiye Ávila también fue un defensor siempre de la sana doctrina, vivía como la iglesia primitiva y en sus venas corría la sangre de su amado JESÚS. Fue un hombre que supo perdonar de corazón a su yerno que asesinó a su hija. También ayunaba para perdonar las injusticias de la vida, un hombre que fue probado en muchas ocasiones, pero que supo sobreponerse a los ataques del enemigo. Yiye Ávila ahora descansa en paz y se cumplió lo que dice el Apóstol Pablo en las escrituras, “Que la muerte es ganancia” y ahora Yiye Ávila está gozando en la eternidad porque siempre en el púlpito predicaba de la Salvación que Jesucristo es nuestro Salvador y que nos ofrece la vida eterna. “Nadie va al Padre, sino a través de mí,” dice nuestro Señor Jesucristo.
Yiye Ávila estuvo en dos ocasiones en Toronto, Canadá hace muchos años y hace unos años atrás estuvo en Ottawa, la capital de Canadá. La Buena Nueva tuvo dos páginas, anunciando su venida a esta nación.
Nunca nos olvidaremos de sus prédicas hablando las verdades del Evangelio. “Alábalo que ÉL vive”, “ Cristo viene”, “¡Y a su nombre, Gloria!, así como Yiye Ávila, también se nos fue en un accidente automovilístico, David Wilkerson, que editó un libro llamado “La Cruz y El Puñal” en donde contaba sus testimonios en las urbes de Bronx, Manhattan y New York con las pandillas de ese entonces. También, no nos olvidamos del hermano Pablo, otro de los grandes evangelizadores a través de su columna “Un Mensaje a la Conciencia” y de sus apariciones en la pantalla chica, llevando historias reales con la solución de Cristo Jesús, nuestro Salvador. Hasta la próxima…
Por: Enrique Jiménez Díaz

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