VIVIENDO POR LA FE

“Pero tenemos este Tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del PODER sea DIOS, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros mas no desesperados; perseguidos mas no desamparados; derribados, pero no destruidos” (2 Corintios 4:7-9).
“La FE, es pues, la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11: 1).
¿Qué significa la FE?
La Fe significa abandonar toda confianza en nuestros propios recursos, habilidades y razonamientos. Es decir las cosas que vemos. Más bien significa CONFIAR en las cosas que NO SE VEN o que no podemos VER: las promesas de Dios, su provisión y su preocupación por nosotros. Sin embargo, únicamente una actitud interior no define la FE. La fe es comprobada por su OBEDIENCIA al Señor.
La palabra de Dios traduce la Fe como un TESORO. Nuestra fe no tiene límites. Es interminable, poderosa, grande, inmensa, incompatible, no tiene precio. Nosotros somos vasos de barro, HECHOS por el Señor. ÉL nos moldea, nos pone en nuestro corazón el temor a ÉL. Somos frágiles y delicados ante su presencia. Como testimonio personal, puedo decir y declarar que desde mi conversión a ser un hijo de Dios, he podido ver en mi vida como Dios ha ido transformando mi alma que estaba en el lodo y sucia y ahora se cambió en una vida diferente con alegría, gozo, sed y hambre de escuchar palabra VIVA de Dios.
La Excelencia viene de Dios. ÉL es el perfecto, Poderoso, Majestuoso, Inmenso, Increíble, Inquebrantable, Amoroso, Fiel y tantos títulos que podemos llamarlo y nosotros los humanos necesitamos de EL. Somos todo lo contrario. Siempre fallamos y no somos perfectos, somos infieles porque no cumplimos en reconocer que ÉL es nuestro Dios.
El escritor a los Hebreos habla de La FE en dos direcciones: Fe con respecto a cosas futuras (lo que se espera) y la fe relacionada a las cosas invisibles (lo que no se ve). Si estamos seguros que Dios controla estos aspectos (y si vivimos como si ÉL estuviera en control), esto es FE. Por ejemplo, Sara en Génesis nos habla de la esposa de Abraham. En el verso 11, desde el mismo capítulo dice así: “por la FE también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido”. Sara sabía que Dios era el que HABLABA y daba su promesa que iba a tener un hijo pese a su edad no era imposible para Dios.
Los dos aspectos de la Fe-seguridad y esperanza-se pueden ver en la vida de Abraham, Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa, Sara y Noé, entre otros. Tenían convicciones fuertes en cuanto a la presencia de realidades invisibles. También tenían una seguridad inquebrantable de que las promesas de Dios se cumplirían, hasta frente a la evidencia que parecía sugerir lo opuesto. A fin de cuentas si vemos a un Dios Grande, Fiel y Todopoderoso, nuestra FE se elevará a esas alturas. En cambio lo opuesto, sería si vemos a un Dios pequeño, distante o menos activo, nuestra fe quedará en esos niveles.
Por: Enrique Jiménez Díaz

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