¿NOS GUÍA EL ESPÍRITU A LA TENTACIÓN?

“Luego el Espíritu llevó a Jesús al desierto para que el diablo lo sometiera a tentación. Después de ayunar cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. 3 El tentador se le acercó y le propuso:
—Si eres el Hijo de Dios, ordena a estas piedras que se conviertan en pan.
Jesús le respondió:
—Escrito está: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.”
Luego el diablo lo llevó a la ciudad santa e hizo que se pusiera de pie sobre la parte más alta del *templo, y le dijo:
Si eres el Hijo de Dios, tírate abajo. Porque escrito está:
“Ordenará que sus ángeles te sostengan en sus manos, para que no tropieces con piedra alguna.”
También está escrito: “No pongas a prueba al Señor tu Dios”—le contestó Jesús.
De nuevo lo tentó el diablo, llevándolo a una montaña muy alta, y le mostró todos los reinos del mundo y su esplendor.
Todo esto te daré si te postras y me adoras.
¡Vete, Satanás! —le dijo Jesús—. Porque escrito está: “Adora al Señor tu Dios y sírvele solamente a él.”
Entonces el diablo lo dejó, y unos ángeles acudieron a servirle” (Mateo 4:1-11).
Dios NO nos tienta a pecar. Esa es la especialidad de Satanás. Pero Dios a veces nos prueba y puede ser difícil ver la diferencia. En Santiago 1:13, nos habla, ¿Cómo son las tentaciones diferentes de las pruebas? En ciertas ocasiones Dios puede probarnos al ponernos en línea directa de los ataques de Satanás.
En este caso, el Espíritu puso a prueba a Jesús al permitir que Satanás lo tentara a pecar. Antes que su misión divina sobre la tierra pudiera prosperar, Jesús tuvo que ganar la victoria en este encuentro con el enemigo. De forma similar, nosotros tenemos que ganar numerosas pequeñas batallas sobre la tentación si queremos cumplir el propósito o el llamado que Dios nos ha dado. Dios puede permitir que nuestra fe pueda ser probada de manera que con su ayuda, las escaramuzas iniciales pueden traernos pequeñas victorias y prepararnos para luchar y aun ganar batallas mayores.
Dios nos prueba. NO para que caigamos en pecado, sino para que seamos VICTORIOSOS.
Para que Cristo pudiera cumplir la voluntad de Dios, tenía que encarar a Satanás y prevalecer. Esta fue la primera gran confrontación. Mateo presenta a Cristo como alguien que servía fielmente a pesar de una enorme oposición. El Espíritu Santo guió a Jesús al desierto para que fuera tentado por el diablo, a fin de mostrar que la tentación NO tiene que terminar en fracaso. Eso es de mucho aliento para todos los creyentes que son atacados por las conspiraciones de Satanás.
Es muy importante en un creyente, hijo de Dios, que debe tener una relación fuerte en la sana doctrina y que siempre este alimentado de la palabra de Dios, porque en cualquier momento de descuido, dice la palabra de Dios que tenemos un enemigo que anda como “león rugiente” listo para devorar y este animal es el diablo y sus secuaces que andan preparados para atacar a la oveja que se sale del redil. Las cosas del Espíritu Santo son de Dios y no pueden estar juntas con las de la “carne”, porque ambas se oponen, “los deseos de la carne” no pueden andar juntas con las del Espíritu Santo.
Por este motivo, tenemos que tener cuidado y “llenarnos de Dios” todos los días y a cada momento orar sin cesar y estar prevenidos o despiertos de los ataques del maligno, no descuidemos nuestra oración personal, servir al Señor, no faltar a nuestras reuniones en la Iglesia y ponernos la “armadura de Dios” para fortalecernos y estar firmes contra las acechanzas del diablo (Efesios 6: 10-18).
Por: Enrique Jiménez Díaz

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