EDITORIAL 192: Cuando Otros Nos Fallan… por Enrique Jiménez

“Procura venir pronto a verme, porque Demas me ha desamparado, amando este mundo, y se ha ido a Tesalónica. Crescente fue a Galacia, y Tito a Dalmacia. Sólo Lucas está conmigo. Toma a Marcos y tráele contigo, porque me es útil para el ministerio. A Tíquico lo envié a Efeso.
Trae, cuando vengas, el capote que dejé en Troas en casa de Carpo, y los libros, mayormente los pergaminos. Alejandro el calderero me ha causado muchos males; el Señor le pague conforme a sus hechos. Guárdate tú también de él, pues en gran manera se ha opuesto a nuestras palabras. En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon; no les sea tomado en cuenta. Pero el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas, para que por mí fuese cumplida la predicación, y que todos los gentiles oyesen. Así fui librado de la boca del león.  Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial. A él sea gloria por los siglos de los siglos. Amén.” 2 Timoteo 4:9-18


El Señor nos enseña que, en algunas veces, EL nos quitará todas las personas y todas las cosas de las cuales dependemos, para enseñarnos a confiar más en nuestro Dios. Aprendemos que cuando todo lo demás falla, el Señor permanece firmemente a nuestro lado. Cuando nos sentimos totalmente decepcionado, frustrado y extenuado, Él nos das las fuerzas, cuando el desánimo parece inevitable.

Él interviene y nos ayuda a terminar lo que nos asignó. Sin importar la situación que estemos pasando y cuan profundo sea el dolor de la decepción, siempre tenemos que apoyarnos en el Señor.

En este pasaje bíblico nos narra la experiencia que vivió el Apostol Pablo, cuando fue abandonado por sus compañeros en el momento que más necesitaba, el apoyo de quienes se llamaban “hermanos” en la Fe, esta experiencia la puede vivir cualquiera y más se siente cuando los “amigos” desaparecen, causa gran angustia en la vida. El compañerismo es una de nuestras necesidades primordiales. Dios nos dejó un nuevo mandamiento: “Ámense unos a otros, como YO los he amado”. Él quiere la unidad en nosotros, en el cuerpo de Cristo, nuestro Padre celestial, está UNIDO con el Hijo, Jesucristo y El Espíritu Santo. Son uno solo.

La amistad es una necesidad valiosa en la vida, es esencial pero cuando los amigos nos fallan, nos sentimos heridos, rechazados y solos. Pablo se había rodeado de amigos y compañeros para llevar el Evangelio al mundo Romano, pero estaba básicamente solo cuando se acercaba al final de su vida.

Mientras pasaba sus últimos días en prisión, sólo Lucas el médico estaba con él. Habría sido comprensible para Pablo que se quejara de sus amigos que lo habían decepcionado en un momento de necesidad. Sin embargo, mostró un espíritu de perdón al decir: “No les sea tomado en cuenta” (2 Timoteo 4:16). Aunque la traición o el abandono duelan, nunca sanaremos si nos dejamos dominar por el resentimiento, el enojo y la amargura, el PERDÓN es la UNICA solución.

Para Pablo no fue fácil de poder lidiar con diferentes personalidades, carácter o impulsos como el de Pedro el pescador, muy vehemente e intrépido en todo. Pero el Señor le habló y le dijo que lo siguiera nada más. En la actualidad también nosotros nos toca como el Apóstol Pablo, bregar con “hermanos” que creen tener la razón en todo y disponen de su mal carácter con las cosas de Dios. son mentirosos, engañadores, soberbios y altaneros.

Para terminar al igual que Pablo, necesitamos una prospectiva eterna, cuando nos enfrentamos a la desilusión, nada llega a nuestras vidas si no pasa por las manos de Dios, ni ninguna experiencia es en vano, sus caminos pueden no tener sentido para nosotros, pero EL usa cada situación dolorosa para cumplir su voluntad en nuestra vida y caminará a través de ellas con nosotros. Amén.

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