¿CÓMO PODEMOS CONOCER LA VOLUNTAD DE DIOS?

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual sea la voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:2).
La palabra de Dios nos dice que no debemos conformarnos con lo que nos da esta vida en que vivimos, en este siglo actual, con tantas cosas que nos perturba. Por ejemplo, las modas, el deseo de ambicionar el dinero, los apetitos sexuales, la vida pecaminosa, los vicios y entre otras cosas más. ¿Ahora cómo podemos conocer la voluntad de Dios? Creemos que conocer la voluntad de Dios es honrarlo y obedecerle y al rehusar o rechazar las presiones “sociales”. A medida que cambiemos nuestra antigua manera de pensar y adoptemos un modo de ver las cosas completamente nuevas, desde el punto de vista de Dios, comenzaremos a reconocer más y más la voluntad de Dios.
Será más fácil oír su voz en distintas circunstancias. Puede ser que estemos pasando un momento crítico en nuestras finanzas, en salud, en problemas familiares, pero todas estas cosas tienen soluciones y es a través de nuestra entrega a Dios, una relación fuerte con EL y por medio de la oración, el ayuno, la vigilia, la comunión con los hermanos en la FE y si nosotros buscamos de Dios, ÉL nos responderá. Él inclina su oído aquellos que son adoradores en Espíritu y en Verdad. Puede ser que Dios no ordene los detalles de nuestra vida (tales como el color de nuestra ropa); pero nos dará principios espirituales para las decisiones de cada día.
“En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos y renovaos en el Espíritu de vuestra mente y vestidos del nuevo hombre creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad” (Efesios 4:22-24).
Despojaos del viejo hombre, porque ya no somos los mismos de antes. Cuando hablamos, debemos comportarnos con un nuevo entendimiento y cuidar nuestra lengua. Como cristianos somos nuevas criaturas en Cristo. Pero también somos personas que vivimos en la “carne”, susceptibles a las debilidades y las tentaciones que afectan a todos los seres humanos. ¿Qué significa vivir en la carne? Vivir en la carne significa ser influenciado por los hábitos y la manera de pensar adquiridos antes de aceptar a Cristo. Cuanto más dependemos del Espíritu, tanto más nos defenderá de los impulsos pecaminosos de nuestro interior.
Por eso, debemos caminar como cristianos maduros, porque un cristiano o evangélico maduro está creciendo en Cristo, constantemente piensa y actúa como tal. Aunque los cristianos no son perfectos mientras viven en un mundo llenó de pecado, la meta de Dios sigue siendo que lleguemos a ser como Cristo (Romanos 8:29). Mediante la oración y el estudio bíblico, la confraternidad cristiana (compartir con nuestros hermanos) y otras disciplinas espirituales, un cristiano maduro centra su vida en Cristo (2 Pedro 3:18).
“Porque ya sabéis que instrucciones os dimos por el Señor Jesús: pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fortificación; que cada uno de vosotros sepa tener su propia esposa en santidad y honor; no en pasión de concupiscencia, como los gentiles que no conocen a Dios; que ninguno agravie ni engañe en nada a su hermano; porque el Señor es vengador de todo esto, como ya hemos dicho y testificado. Pues no nos ha llamado Dios a inmundicia, sino a santificación. Así que, el que desecha esto, no desecha a hombre, sino a Dios, que también nos dio su Espíritu Santo”.
Creemos que la voluntad de Dios es nuestra santificación de ser obedientes, temer de Dios y honrarlo como El se lo merece, como lo hizo Abraham que fue obediente de llevar a sacrificar a su único hijo Isaac, pero Dios vio su obediencia y lo bendijo y le dio una descendencia como las estrellas del cielo. Lo mismo pasó con Moises que no quería ir a hablar con el faraón, porque era tartamudo y quien era el para sacar al pueblo hebreo de Egipto, sin embrago obedeció y tuvo temor de Dios.
Así Dios nos llama en estos días para obedecer y temerle a Dios. Tenemos muchos dones y Dios nos ha dado talentos y ¿qué hacemos con ellos? Usted tiene la respuesta. ¡Dios le bendiga!
Por: Enrique Jiménez Díaz

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